My Chemical Romance Actuó en Argentina

Siempre es bueno ver a una banda extranjera cuando está en su mejor momento. Sirve para confirmar que lo que se lee y escucha sobre ellos afuera es cierto (o no) y para no estar todo el show lamentándose con un “porqué estos que están ahí arriba no vinieron 15 años antes cuando eran jóvenes y alocados”.

Pues bien, dada la oportunidad de ver a My Chemical Romance en su pico creativo, siendo jóvenes y alocados, uno concluye que la banda no es sólo un combo comandado por un chico sufrido pero de cara bonita que tan bien le calza en las aceitadas maquinarias del marketing. No. La banda tiene con qué defenderse arriba del escenario y lo hace más que bien. Apoyados en su mejor y más exitoso disco hasta la fecha, The Black Parade, My Chemical Romance entregó durante una hora y cuarenta minutos un set correcto, sonoramente compacto (aún con la ausencia del guitarra Frank Lero, reemplazado a último momento) y con los hits obligatorios: Teenagers, I´m Not Ok (I Promise), Dead!, y Welcome To The Black Parade entre otros.

Lógicamente, los purismos del disco no están sobre el escenario. La banda no suena tan pulida como en el estudio (tiendo a pensar que los discos cada vez se parecen más al Photoshop de la música), aparecen las rebarbas típicas del vivo y la música se hace aguerrida y filosa, pero no pierde su costado de melodrama. Claro que el centro de todas las miradas es Gerard Way, cantante multifacético capaz de pasar de un alarido a una caricia melódica sin despeinar su pelo cuidadosamente despeinado. El muchacho, de rigurosa campera de jean que no abandonaría en toda la noche, conoce todos los secretos del manual del frontman. Arenga desde el minuto uno; pide manos arriba; se preocupa por la salud de los que están en el vallado y sufren los apretujones de ocasión; grita “¡Argentina!” infinidad de veces; reconoce las bondades del público local; gime al micrófono; y asesta mierdas y fuckyous a todo el estadio. La respuesta es la misma ante cada estímulo. Un alarido estremecedor, mayormente femenino, que baja desde las plateas y recorre el campo (algo más raleado de lo imaginado) hasta llegar a los oídos del bueno de Gerard, que devuelve un beso como agradecimiento. Otro alarido retumba en Ferro. Y así la noche va, a la manera de Gerard.

Convencidos de su potencia sonora, sostenidos en un cantante carismático y magnético a la vista, My Chemical Romance pasó por Buenos Aires y dejó, en dosis similares, tanto rock arriba del escenario como histeria abajo.

Parten los MCR de Ferro; afuera cientos de padres cogotean para reconocer a sus hijos en la salida, como si los fueran a buscar al colegio.

fuente: Rock & Pop

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