En su primera presentación en Buenos Aires, la banda neoyorquina dio un show inspirado.
Aunque ellos estén hartos de la comparación, la analogía es inevitable: Interpol existe gracias a Joy Division. O casi. No sólo por los parecidos musicales sino también por la interpretación de los cantantes y por sus inquietantes similitudes físicas.
Veamos. Interpol, la banda neoyorquina que editó sus primer largo en 2002 (Turn on The Bright Lights), se puede incluir en la camada de músicos retro rock (como sus coterráneos The Strokes). Y aunque, ya desde su primer disco, el grupo liderado por Paul Banks captara la atención de la crítica, es con su tercer CD (Our Love to Admire), cuando gana popularidad y ventas.
En su primera vez en Argentina, la banda de influencia post punk toca en el Gran Rex y está inspirada. Con una puesta sobria, apenas esbozada por luces atmosféricas y proyecciones esporádicas, el cuarteto suma un tecladista invitado con un fin: aportar dramatismo y épica a los temas.
Si la movida post punk recibía el influjo directo del existencialismo de Albert Camus, el revival siglo XXI se deja empapar por los claroscuros barrocos, con sus juegos de espejos (como los que aparecen en el video No I in Threesome), y sus letras recargadas que, sin la compañía instrumental y su hincapié en la sección rítmica, pecarían de desborde poético amateur.
Pioneer to the Falls es el primer tema que abre el camino para una jornada pareja en calidad, con un set list que juega con el vaivén anímico del público: con crescendos, marchas fúnebres percusivas, cambios de tempo y un ineludible instinto pop. Con grandes momentos, como Rest My Chemistry (con su guitarra/ homenaje a los Pixies), No I in Threesome, Slow Hands…
Tanto Banks como el resto están concentrados en lo propio: nada de gestos demagogos para la efusividad de los asistentes. Y esto es suficiente para una banda que canta sus depresiones de “sexo y la ciudad” (NYC) pero que, en escena, elige apelar al poderío musical con una voz cantante mucho más baja y menos entendible que en los álbumes. Intencionalmente. Aún así (o, quizás, por eso), el magnetismo de las canciones funciona.