Iron Maiden invadió el estadio de Ferro con un heavy metal tan poderoso como su historia.
Los relojes dentro del estadio de Ferro marcaban 2 minutos para la medianoche. Sin embargo, eran las nueve y media en el tiempo real. Fue en ese momento que se apagaron las luces y comenzaba el viaje en el tiempo. La voz de Winston Churchill y los aviones de guerra en las pantallas nos indicaban que estábamos llegando a destino… Y qué mejor comienzo que “Aces high”: Iron Maiden había salido a escena.
Coronados con una escenografía que mostraba al gran Eddie egipcio de la portada del clásico album “Powerslave”, flanqueado por el Eddie Cyborg de “Somewhere in time” y el otro, protagonista de “Seventh son of a seventh son”, inmediatamente arremetieron con “2 minutes to midnight”, “Revelations” y “The Troope”. A esa altura ya todo era delirio. Pero delirio real. No todos los días una masa de gente puede congregarse a ver a una de las bandas más grandes del metal reviviendo sus épocas de oro. Y de eso se trataba la noche; una seguidilla de clásicos de la banda inglesa, como “Wasted years”, “Can I play with madness”, “Powerslave”, “Run to the hills”. Mención especial para “Rime of the ancient mariner”, ejecutados sus 14 minutos con maestria suprema, creando el momento épico de la noche.
Obviamente hubo tiempo para algunos bises monstruosos como “Fear of the dark”, con el público coreando la melodía en lo que fue uno de los puntos más altos de la noche, “Iron Maiden”, “Moonchild” y “The Clairvoyant”.
Ya faltaba poco para regresar a 2008 y emprendieron el viaje de vuelta al son de “Hallowed be thy name”. Una pieza clave para todo aquel que lleva metal en la sangre. En conclusion, Maiden fue tremendo. Siguen en pie y dando batalla más que nunca. En estos tiempos modernos de pop ambiguo, presenciar esta ceremonia fue un auténtico regalo de Dios. O de Satán…
Fuente: Rock.com.ar