Hay 300 mil personas y están llegando más”, exclamó el pastor Luis Palau al iniciar a las 22 su vibrante mensaje desde el imponente altar montado junto al Obelisco. Pero el entusiasmo de Palau por la concurrencia que avizoraba desde lo alto -y que siempre de noche parece más- no era tanta. La primera jornada del encuentro evangélico -ampliamente promocionado- fue escasa para las expectativas. A la 23, los organizadores ratificaron los 300 mil. Pero las estimaciones policiales hablaban de 40 mil personas. Una recorrida de Clarín a las 22.30 permitió comprobar que la gente llegaba hasta Perón, o sea, que se prolongaba dos cuadras desde el escenario y poco más dispersa más allá. Así, superaba las 50 mil personas.
El encuentro se había iniciado a las 19 con una parafernalia y colorido propios de los grandes recitales. Y fue seguido con un entusiasmo que nunca decayó mientras se sucedían un coro gospel de Chicago, un ballet, el cuarteto vocal Amanecer, Amelita Baltar y el grupo Rescate. Los Náufragos, el grupo que hizo furor en los 70, terminó de completar el clima festivo. Hasta el jugador de fútbol Radamel Falcao dio un vibrante testimonio de cómo lo ayudó en su vida la fe en Jesús.
Finalmente, llegó el plato fuerte: el mensaje de Palau. Desde un atril, sosteniendo una Biblia, con coloridas luces de fondo y seguido por un singular despliegue de cámaras de TV, enfervorizó a la concurrencia con su mensaje. “¡No quiero que ningún argentino se vaya esta noche a su casa diciendo que nadie lo quiere, sino sabiendo que Dios lo quiere y mucho”, exclamó. Y agregó: “Si abrazas a Dios, serás libre de la droga, del alcoholismo, de la inmoralidad sexual”.
No ocultó su preocupación por las separaciones matrimoniales: “Esto pasa porque Satanás tentó a los matrimonios diciéndoles que se puede romper la ley de Dios”. Pero sostuvo que cada vez más gente “se convierte y se entrega a Dios”. El encuentro se cerró con la actuación de Maximiliano Guerra. Para hoy, la última jornada -arranca a las 14-, los organizadores esperan que la concurrencia crezca sensiblemente.
fuente: Clarín

