Antonio Birabent: el trabajo de un músico y sus geografías

Actuó dos noches en Montevideo en un show que lo tuvo a él como principal protagonista y a sus dos guitarras como compañía.

Birabent. Un músico que no esconde su amor por Montevideo. Antonio Birabent es un músico que confiesa que sus discos “han salido de una forma hasta oculta”. Sin tener la capacidad de llenar estadios, convoca siempre a una cantidad de seguidores que, en cada oportunidad y formato que el artista argentino se presenta en nuestro país, llama la atención de nuevos y viejos escuchas.

Tal vez cuando toca en boliches con capacidad limitada se lo puede disfrutar deteniéndose en su música, expresiones y sencillez. Compositor, actor y músico, Birabent dejó de ser alguna vez el hijo de Moris, para transformarse en un artista privado, que canta y escribe lo que siente sin más virtud que la de la descripción.

Las geografías parecen ser su lugar más común, para que su música viva. Le canta a Montevideo y a Buenos Aires, con una música que jamás termina de concretar un estilo, y sin embargo se desliza de sonidos propios del Río de la Plata.

El viernes y el sábado se presentó en El Tartamudo, un confortable y ­sin dudas­ muy buen lugar para que un músico de las características de Birabent despliegue una intimidad sencilla y conectada con el público. Los pegotines de las banderas de Uruguay y Argentina en la madera de su guitarra, al principio pueden parecer una señal inclinada para el lado de una retórica política, pero el artista luego explica: “Yo cuando voy a Chile no pongo la bandera de Chile”, “tengo un amor muy especial por este lugar y uno no puede explicar por qué se conecta tanto con una ciudad”, dijo.

Su amor a Montevideo le llevó a escribir una canción que aunque si bien es a Montevideo, solo se limita a la Ciudad Vieja, porción de tierra con un gran valor histórico que comparte la historia con una gran cantidad de barrios que también tienen cosas que contar. De todas formas Birabent sintetiza su sentir. No esconde sus pasiones y al interpretar sus canciones se permite una expresividad propia, con la guitarra como principal catalizador.

El plagio a un muro

De guitarras se debe hablar. Sin aburrir con recursos técnicos, Birabent demuestra una condición de guitarrista que es hasta por demás disfrutable. La mezcla de sonidos gracias a las nuevas tecnologías desliza su viva inspiración. El público disfrutó las largas entregas de muestras musicales que agregaron un toque aún más ensimismado gracias a la armónica.

De un gran humor, con una forma muy amena de llevar adelante el recital, Birabent se animó hasta hacer callar a tres muchachas que estaban en la mesa de adelante. “Es muy interesante lo que dicen, pero desde acá se escucha”, les indicó a las chicas, que quedaron paralizadas mientras Birabent agregaba: “Va con onda”.

Luego repitió que odiaba los celulares, y más que mostrarse molesto acompañaba cada sonido que se escuchaba (con verdadera impertinencia), mediante una graciosa mueca que causaba la risa del público. Luego explicó cómo nació la letra de una de sus canciones. “Leí en un graffiti en un muro acá en Uruguay ‘viejo barrio que te vas te doy mi último adiós’, entonces la anoté y escribí un tema, el cual grabé. Luego recibí varios correos donde me decían que ese tema lo cantaban Los Olimareños”. Además de confesar el plagio a un muro, narró: “Lo peor de todos es que ayer (por el viernes), dije que Los Olimareños cantaban esta canción por la década de 1930″, lamentó con gracia. Luego la música siguió, respondió a algunos pedidos, invitó a Martín Cáceres ­cantante de la banda Vieja Historia­ y más tarde se despidió invocando nuevamente a las geografías, las vivencias, el trabajo de un artista porteño que no niega sentirse montevideano.

fuente: rock.com.ar

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