Divididos?

A partir de los rumores vinculados a la inminente salida de Alejandro Sokol de la banda, el show de Las Pelotas se convirtió en la comidilla del día 3 en el Quilmes Rock. Así, a medida que se acercaba la hora del show, los rumores sobre idas y venidas fluían por los pasillos del estadio. Una sola cosa es segura: Sokol estuvo en un camarín aparte, lejos del resto de su ¿ex? compañeros.

Esa tensión latente en el camarín, también se trasladó al público, que coreó con ganas y más de una vez “El Bocha no se va”. Y la tensión, finalmente, también estuvo en los escenarios. No hubo, en más de 60 minutos de show, ni una de las habituales morisquetas que Sokol y Daffunchio se prodigaban en cada concierto. Tan sólo un paseo conjunto por la pasarela cuando el show daba la vuelta hacia la recta final. Tampoco hubo interacción alguna con el resto de la banda.  

Sin embargo, y a pesar de lo narrado, el show no fue afectado desde lo musical. Certero, contundente y, en algún que otro pasaje, hasta emotivo. Verlo a Sokol cantando Bombachitas Rosas allá en el extremo de la pasarela con un campo rendido a sus pies, mueve algunas fibras íntimas. Su cara curtida de rock denotaba un dejo de tristeza. ¿Habrá sido la última vez? No hubo mención alguna sobre el tema del día, pero sí hubo lugar para hits como Basta, Muchos Mitos, Siento Luego Existo (con Pettinato al saxo); temazos como Capitán América o Sin Hilo o el clásico Sumo (hasta aquí la banda más versionada del festival y aún falta Divididos) Debedé, con la presencia de Gillespi y su trompeta.

Tanto por la música como por las situaciones que rodearon al show, la presentación de Las Pelotas en este Quilmes quedará en el recuerdo por un buen tiempo. Qué vendrá de aquí en más, por ahora, sólo lo sabe el seno interno de la banda. Para el resto, pura especulación.

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