Mar 27

En un pequeño break de la grabación del video de “Viejo barrio”, Antonio Birabent nos amplía en exclusiva las obsesiones que persigue canción a canción.

Antonio Birabent

Antonio Birabent. Foto: Catriel Remedi

Liniers, límite con Mataderos, casas bajas, asfaltos antiguos, mal bacheados, inundados de cortezas de árboles robustos. Pintadas en aerosol gastadas que delatan desamores, pasiones y locuras transitorias. Postes de luz oxidados por la fricción del viento y la lluvia, canteros descuidados y el resplandor de un tenue sol que le da vida al barrio. La tarde cae, los ancianos palpitan sus últimos minutos en la vereda tomando mate y chusmeando la vida secular.

La postal que tratamos de describir, a través de imágenes bien representativas, conforman la geografía que rodea la casa en la que Antonio Birabent y su equipo de trabajo grababan el video de “Viejo Barrio”. Saludamos, pedimos permiso, entramos, observamos el back de la filmación hasta que de manera muy amable Antonio nos invita a charlar.

¿Cómo haces para que la idea de pérdida, memoria y melancolía que encierra al disco, sea una reflexión alegre?

Bueno… en principio te contestaría con una frase que incluye el objeto de tu pregunta: como lo puedo hacer, no es tan triste. Triste sería tener una idea sobre un disco melancólico y de memoria, y no hacerlo. Pero el hecho de hacerlo significa que hay algo que se concreta. Ya es positivo.

Además si bien en el disco hay ese espíritu, también creo que hay un espíritu de que lo que vendrá no tiene que ser necesariamente malo. Hay cosas que todavía no están terminantemente escritas…Creo que con esas dos cosas… y si bien es un disco de vocación, nostálgico, que habla mucho de la memoria, es un disco combativo.

En “Viejo barrio” decís “¿Quién vendrá a reemplazar a las personas que se van? ¿Quién vendrá en su lugar?”. ¿Qué intuición a futuro tenés de ésta Buenos Aires?

La intuición por momentos es muy… (piensa) negativa y apocalíptica. Porque hay muchas cosas que en los últimos años, y cada vez más, han convertido a la ciudad en un lugar difícil y violento para vivir, para desarrollar humanamente la vida, un proyecto, es una sensación de colapso…

Pero como te decía antes, al mismo tiempo siento que cada uno con lo que hace cada día transforma una poco lo que vendrá.

¿Qué pauta ha determinado tu conformidad con “Demoliciones”?

Yo grabé diez discos y cada vez que uno de esos diez discos fue publicado, ya en principio eso fue un éxito. Muchas personas que hacen música han ido quedando en el camino o les ha costado mucho continuar grabando y produciendo música, porque no es fácil. Entonces poder seguir haciendo música, la música que quiero hacer, poder seguir comunicándome con las personas a través de la música, ya en sí es un triunfo.

Después hay situaciones que generan mas alegría, que tienen que ver en general con las personas que puntualmente se acercan de una u otra manera, en presencia física o a veces virtualmente, para hablar de una canción, para aportar algo, ¿no? Pero poder hacer música, poder seguir tocando ya es un éxito.

Y, de repente, apareció el reconocimiento de los Premios Gardel…

Si, mirá… la verdad que fue una gran sorpresa estar nominado como mejor disco de rock. No porque me parezca que el disco no se lo merece (porque es un disco muy bueno), pero es un disco que salió de una manera independiente o muchísimo más que independiente. Es un disco autogestionado donde la industria, la empresa y la discográfica soy yo, y mi cocina donde guardo los discos. No es una metáfora, es la realidad…

Entonces creo que es un gran reconocimiento porque es un disco que ha sonado poquísimo en la radio y que si bien ha tenido grandes críticas, es un disco sin apoyo.

Yo también intuyo que sea un reconocimiento a haber hecho todos estos discos… no creo que sea sólo un premio o una nominación a “Demoliciones”, pero igual para mí estar ahí ya es muy importante.

Declarado fanático de Roger Federer y dueño de una voz muy firme, seductora y carismática, Antonio dedica sus días a intercalar su veta actoral con su impronta musical. Es muy seguro a la hora de advertir sus opiniones, mira siempre a los ojos y articula cada palabra con el fin de darse a entender con mucha simpleza, pero utilizando siempre el término exacto que esa frase requiere. Tiene un vocabulario muy amplio y colorido, a partir de ahí que sus lecturas le han aportado un perfil mucho más maduro.

Observándote desde afuera nos surge de manera inmediata una perspectiva tuya muy particular: la de un ser paralelo a la vorágine de las ciudades.

Mirá… sería creerme muy importante si te dijera que tengo un lugar distinto. Pero digamos que con Sitios laterales, la compañía que armé para sacar “Azar” en el ‘97 o ‘98, de alguna manera es estar plantado en un sitio al costado de otra cosa.

Pero bueno… la vorágine y el caos ciudadano y el caos del mundo me afecta casi todo el tiempo. Lo que pasa es que la música es un antídoto para mi: poder hacer música, poder cantar, poder subir a un escenario… cada vez que pasa el tiempo y me hago más grande, me doy cuenta que es el lugar donde realmente soy muy pleno.

Entonces, en lugar de un actor que también es músico, ¿sos un músico que también es actor?

Me parece que la prioridad en mi vida no es ni tocar ni actuar. La prioridad es realmente comportarme de una manera que para mi tiene que ver con una idea que yo tengo. Te explico: yo podría hacer zapatos, podría manejar un colectivo y eso sería de alguna manera secundario a algo primario que es hacer las cosas de una manera.

Yo hago música, actúo, leo, salgo a correr y tengo una novia. Pero como todo el mundo, todo el mundo hace muchas cosas.

La especialización es la esclavitud del capitalismo: pretender que uno haga una sola cosa, es una cosa con la que yo no comulgo. Además, me parece que nos hace muy mal, como esas guerras entre músicos y otros músicos…
Somos mucho más amplios… entonces hago música y actúo, ¡si señor!

¡Sos un privilegiado! (risas…)

Un colega tuyo me dijo un día algo muy bueno: “¿Sabes por qué lo haces? porque podés”. Lo hago simplemente porque puedo y porque me gusta, está lleno de gente que hace varias cosas, en Argentina, afuera…

En un momento declaraste “me fui de lugares que muchos pagarían por ocupar, y me dediqué a no lucrar con el privilegio de pertenecer”.

Bueno… lo dije hace mucho. Yo sé por qué lo dije, pero tampoco creo que eso merezca una medalla. Cada uno toma elecciones, en este país hay gente que hace música de mierda y le da a la gente lo que quiere escuchar, y hacen letras asquerosas, músicas asquerosas, tipos que copian a tipos que copian (o sea son tercera generación de copiones). Yo no hago eso… cada uno tendrá su elección musical en la vida, a mi me parece que en el mundo musical todos tienen sus convicciones o sus elecciones, yo tengo las mías.

¿Cómo venís planeando los shows en vivo para que la gente vaya conociendo “Demoliciones”?

La gente se entera o no se entera por diferentes motivos, no porque toques más o menos. A mi ya no me preocupa mucho cuánta gente se entera porque es algo que la verdad, yo no puedo manejar.

Yo hago mi música. Trato de tocar lo mejor posible y de difundir desde mi lugar lo más poderosamente la música que hago. Pero no… digamos no estoy con la capacidad de desarrollarme como se desarrolla la industria. Yo estoy yendo por otro camino: toco todo el tiempo, toco solo, toco con bandas. Toco, toco porque creo que es lo más importante y lo más genuino: subir a un escenario y tocar.

“Dicen que viajando se fortalece el corazón, pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior”, decía Lito Nebbia en “Sólo se trata de vivir”. Pareciera ser que Antonio es la excepción a la regla. Él anda nuevos caminos pero no olvida el anterior. Es más, pregona que no olvidemos nuestro pasado, que tengamos memoria de él. En su momento España, ahora Buenos Aires, Montevideo, Brasil y Córdoba son espacios en los que siente plenitud para hacer canciones. Viaja, recorre las calles, toma fotografías, observa y charla con la gente del lugar. Sin embargo lo que no esquiva es fortalecer su corazón para entregarnos, verso a verso, mejores canciones. “Demoliciones” es una prueba fehaciente de ello.

fuente: Rock.com.ar

Mar 18

La trayectoria de Antonio Birabent se ha consolidado por diferentes caminos artisticos y expresivos si bien la musica siempre ha sido su base y su esencia. Desde la grabación de su primer disco en 1993 hasta el 2005 ha compuesto, producido y registrado nueve discos. Sus primeras composiciones datan de fines de los ‘80, cuando volvió a vivir a la Argentina despues de una larga etapa en España. En el año 1990 formó parte de la banda de su padre, Moris, como guitarrista, y posteriormente inició su carrera solista (su caso es prácticamente excepcional en el rock argentino ya que nunca tuvo un grupo con el que llegara a ser conocido, siempre se mostro como solista), al principio en pequeños shows y a partir de 1993 (con el estreno de la película “Tango Feroz” y la grabación de “Todo este tiempo”) para un público más masivo.

Pero además Antonio ha participado como actor en peliculas (”Tango Feroz”, “El Impostor”, “Lisboa”, “Sabes nadar”, “Stephany o Pequeños Milagros”) prestigiosas series de television (”Verdad-Consecuencia”, “Por ese palpitar” o “Epitafios”) y se ha desempeñado como conductor de dos programas que hicieron historia en el rock argentino (”Rocanrol” y “La Cueva”) y actualmente en un programa radial.

Su nombre trascendió en la escena del rock a poco de nacer: un amigo de su padre, nada menos que Litto Nebbia, le había dedicado un tema de Los Gatos, “Antonio”. Gran debut para un chico cuyo crecimiento no sería fácil. Porque Antonio, siendo un niño, tuvo que cambiar de barrio, de ciudad y de país, en el 76, cuando su padre armó las valijas porque aquí se había hecho la noche, y toda la familia Birabent se instaló en Madrid. Allí Antonio pasó por el colegio, tuvo su primera novia y su primera guitarra, y también insinuó allí sus primeras canciones. Hasta que entrados los 80, siempre de la mano de sus padres, volvió a su Buenos Aires natal.

Mientras componía y cantaba y formaba un par de bandas que nunca salieron de las salas de ensayo, escribía en el diario El Cronista y Clarín (sobre musica y sobre Buenos Aires, su gran pasión) y comenzo a conducir en TV en el ciclo Rocanrol, que arrancó por América y siguió en cable. Y a mediados de aquel decisivo año 93, con El oso que había cantado en la película Tango Feroz sonando en las radios, Antonio tomó la decisión que venía madurando y dejó las demas actividades de lado para dedicarse de lleno a la música.

Tomó una sala de ensayo en los legendarios estudios TNT, contigua a la que tenía Moris, y con el entusiasmo de los debutantes comenzó a definir los temas que estarían en el repertorio de su primer álbum. Y en diciembre de ese mismo año grabó su primer disco, “Todo este tiempo”, producido por el chileno (radicado en Europa) Carlos Narea, y acompañado por su banda. Tuvo además dos invitados famosos y de lujo: Andrés Calamaro en órgano, en “Soñando por mí”, y Fito Páez en piano y órgano en “Tan frágil”.

El disco salió en marzo del ‘94 saltó a las bateas. Ese debut fue auspicioso. Las radios eligieron “Salgo a caminar”, “Yo nunca te dije” y “A mí la lluvia”. Las ventas de “odo este tiempo” llegaron a las 30 mil unidades, con lo cual ganó un disco de oro que jamás recibió y además su nombre trascendió incluso fuera de las fronteras argentinas, a través de la rotación de sus videos. Por eso no extrañó que tuviera la oportunidad de hacer un segundo disco. En esa obra, “Morir y matar” (editado en el ‘95) contó con la producción de un experimentado Cachorro López y con otro famoso como invitado: León Gieco cantó con él en “Siete vidas”. Este segundo disco presentó otros temas interesantes, como el difundido “Vi-Viví”, donde aparecen rastros de su pasado madrileño: “Y al final de todo, solo estás vos, y si quieres digo tú y te lo digo en español: con tu sexo y tu pasión, ¡oye, niña, me alucinas mogollón!”. También se destacaban “Hay pibes”, “Oasis”, “El juego”, “Tres de Amor” y la version de “Across the Universe” junto al stickista Guillermo Cides. El disco ya preanunciaba su contacto con las máquinas y una busqueda artístita distinta. Pero la repercusión comercial fue menor que en la vez anterior: el disco vendió 12 mil unidades. Y eso, para una compañía multinacional con mayores aspiraciones y requerida de éxitos instantáneos, era poco. Tambien para esa compañía participa en varios discos entre los que se destacan el homenaje a Sumo y a Carlos Gardel en el Teatro Cervantes (con “Ojos de terciopelo” y “Melodia de arrabal”, respectivamente).

En 1996 se le presentó la oportunidad de incursionar en la actuación en TV (en esa epoca estudiaba teatro junto al actor Julio Chávez). Así, Antonio asumió uno de los principales roles del ciclo “Verdad Consecuencia”, y lo hizo con mucho éxito. Tal es así, que muchos dudaron de que volviera a la música. Dudaron muchos, pero él no. Durante los dos años de trabajo en la tele siguio experimentando con la y ampliando su círculo artístico. De hecho, durante los años 96 y 97 piensa y graba el disco “Azar” y lo produce junto a Luis Volcoff y Andres Fogwill. Convencido de que publicar discos por una compañía multinacional no era lo más conveniente, decidió armar una compañia propia (Sitos Laterales) con la que graba y presenta el disco en su propia casa. “Azar” fue un disco de canciones llenas de texturas sonoras, en el que se relacionó con la canción electrónica. “Son canciones ambientales, de living contemporáneo, y de búsqueda”, dijo al presentar el disco en junio de 1998. “Siempre fui amante de las máquinas, para mí son elementos totalmente artísticos. Además es una música que hoy interesa: Masive Attack, Portishead, Tricky. Y Gustavo Cerati, que es un gran referente musical argentino. Está en una búsqueda sonora con la que estoy hermanado.”

“A mi modo, siempre corrí por un camino alternativo”, le dijo Birabent a la revista Rolling Stone. “Me fui de lugares que muchos pagarían por ocupar. Y me dediqué a no lucrar con el privilegio de pertenecer. No le temo a las contradicciones. Me gusta la musica en si, puede ser un tango o un rock furioso”.

Las canciones de “Azar” son relajadas y muy intimistas. Quizá presintiendo qué vendría poco después, cantó “Madrid”: “Ya no puedo recordar lo que hice ese día, si fui o si volví, si tenía expectativa. Hoy te vuelvo a imaginar en Madrid o en cualquier otro sitio”. “Linterna” es otro tema clave de este disco introspectivo, porque allí hay pistas para entender por qué llegó a esa instancia creativa: “Ayer salí a caminar y me sentí iluminado, una linterna bajó del cielo y se durmió en mi mano. Ahora ya no salgo más, la diversión (diversidad) está en mi cuarto, con la linterna ilumino el techo y Neptuno”.

Con “Azar” bajo el brazo -literalmente-, Birabent se fue a Madrid para filmar la pelicula “Lisboa”. Y él sabía que también para cantar. Desde setiembre del 98 vuelve a ser madrileño durante un tiempo. Como lo era cuando niño, en los días en que su papá, Moris, les descubría a los españoles que era posible cantar buen rock en castellano. Le fue bien como actor y como músico: “Lisboa”, el film que protagonizó nada menos que junto a Federico Luppi y Carmen Maura y “Azar”, el disco en el que hizo una experiencia ligada a la canción tecno, fue editado allí y se convirtio en un referente para buena parte de la escena independiente y de la prensa especializada.

Mientras ultima detalles para entrar en los estudios de grabación a registrar un vuevo album (”Anatomia”) edita un extended play de cinco canciones, cuatro extraídas de Azar -dos de ellas en versiones inéditas, una, “Linterna”, a dúo con Javier Alvarez, y otra, “Madrid”, interpretada por Carlos Jean, figura de la nueva música electrónica madrileña. Completa el disco “Demasiadas mañanas” (One Too Morning) de Bob Dylan, versionada por Antonio junto a Nacho Mastretta.

La aparición de “Azar” y de “Ep” en España fue responsabilidad de Subterfuge Records, sello que produjo la incorporación de dos bonus tracks al disco conocido en la Argentina. Los agregados fueron una versión de “I’m Waiting For The Man” y un remix del tema “Madrid” hecho por Big Toxic, technomaster español que ha compuesto música para los espectáculos de la Fura dels Baus y que fue convocado para remezclar a Nich in Nails. Birabent y Big Toxic estrenaron el remix en vivo, durante un show celebrado en la sala El Sol de la capital española. También el diseño del disco argentino fue modificado. Allí Antonio perdió el Antonio y se llamó solo Birabent. En el librillo de esta nueva edición, Birabent: “Los aviones y los planes entre España y Argentina me persiguen hace más de veinte años. azar, que empezó en Buenos Aires y ahora continúa su viaje aquí, es la prueba sonora de este turismo constante, sentimental, melancólico y fabuloso”.

El elegido como primer corte, “Linterna”, empezó a sonar rápido en las radios madrileñas, mientras el disco conseguía sus primeras críticas. Tomás Fernando Flores, prestigioso conductor de programas radiales de vanguardia, escribió en El Mundo: “En su primer disco en España, Birabent da lecciones de nueva sensibilidad, del manejo de todos los artificios musicales contemporáneos para hacer canciones emocionantes. Temas increíbles, repletos de detalles, de alquimia sentimental. Asi como Moris nos enseño a cantar rock en español, ahora Antonio hace lo propio con la cancion moderna”.

“Anatomía” (2000) fue presentado primero en España y luego en Argentina. Grabado en Buenos Aires, Villa Gesell, Madrid y Barcelona durante mediados del ‘99, contiene trece temas e incluye en la edición argentina un bonus track del tema de Sandro “Porque yo te amo”. Es un disco poético, con menciones al mundo oriental y una continuación en algun sentido del camino sonoro iniciado con “Azar”. Se destacan los temas “A descansar”, “Nada Bueno”, “Princesa oriental”, “Desliz” y la canción que da título al álbum. Participan músicos españoles como Mastretta y argentinos como Claudio Gabis y Tito Fargo, además de Leo García, Moris, y un trío de chicas formado por Josi Palmas, Guillermina Casey y Mariana Melero. El material fue presentado en julio de ese año en el Club del Vino.

“Cardinal” es su séptima producción discográfica y marcó su debut con el sello multinacional Virgin Records. Cuenta con la participación de tres invitados: Gustavo Cerati, Deborah De Corral y León Gieco. El melancólico “Hoy” fue el primer corte de difusión. En este disco Antonio muestra una cancionística muy heterogénea: cuerdas, máquinas, oboes, guitarras acústicas y distorsión. “Cardinal” oscila de la furia de “Aminoacido” al clima folclórico y litoraleño en “Rio en espiral”, que terminó sumando a su repertorio Mercedes Sosa. Este disco lo puso nuevamente en contacto con público en todo el país, ya que en un año y medio realizó mas de setenta shows.

Su disco “Buenos Aires” (nuevamente en la independencia discográfica) fue editado originalmente en noviembre de 2003 y reeditado un año despues con el agregado de la canción “La Academia de la Nada” (cortina del programa radial de Roberto Pettinato) y los videos de las canciones “Bienvenida seas” y “Montevideo”. Fue una vuelta al rock, a las canciones directas, claras y guitarreras sin perder por eso su estilo descriptivo y su particular vocabulario en las letras. Vuelve a estar Tito Fargo como invitado y también su amigo el pianista Lolo Micucci.

“Tiempo y espacio” fue su noveno disco, producido junto a Ezequiel Araujo y Leha y contó con la participación de Moris, Flavio Ciancarullo y Pity Alvarez. Finalmente en 2007 lanzó al mercado “Demoliciones”

fuente: Rock.com.ar

Mar 18

Actuó dos noches en Montevideo en un show que lo tuvo a él como principal protagonista y a sus dos guitarras como compañía.

Birabent. Un músico que no esconde su amor por Montevideo. Antonio Birabent es un músico que confiesa que sus discos “han salido de una forma hasta oculta”. Sin tener la capacidad de llenar estadios, convoca siempre a una cantidad de seguidores que, en cada oportunidad y formato que el artista argentino se presenta en nuestro país, llama la atención de nuevos y viejos escuchas.

Tal vez cuando toca en boliches con capacidad limitada se lo puede disfrutar deteniéndose en su música, expresiones y sencillez. Compositor, actor y músico, Birabent dejó de ser alguna vez el hijo de Moris, para transformarse en un artista privado, que canta y escribe lo que siente sin más virtud que la de la descripción.

Las geografías parecen ser su lugar más común, para que su música viva. Le canta a Montevideo y a Buenos Aires, con una música que jamás termina de concretar un estilo, y sin embargo se desliza de sonidos propios del Río de la Plata.

El viernes y el sábado se presentó en El Tartamudo, un confortable y ­sin dudas­ muy buen lugar para que un músico de las características de Birabent despliegue una intimidad sencilla y conectada con el público. Los pegotines de las banderas de Uruguay y Argentina en la madera de su guitarra, al principio pueden parecer una señal inclinada para el lado de una retórica política, pero el artista luego explica: “Yo cuando voy a Chile no pongo la bandera de Chile”, “tengo un amor muy especial por este lugar y uno no puede explicar por qué se conecta tanto con una ciudad”, dijo.

Su amor a Montevideo le llevó a escribir una canción que aunque si bien es a Montevideo, solo se limita a la Ciudad Vieja, porción de tierra con un gran valor histórico que comparte la historia con una gran cantidad de barrios que también tienen cosas que contar. De todas formas Birabent sintetiza su sentir. No esconde sus pasiones y al interpretar sus canciones se permite una expresividad propia, con la guitarra como principal catalizador.

El plagio a un muro

De guitarras se debe hablar. Sin aburrir con recursos técnicos, Birabent demuestra una condición de guitarrista que es hasta por demás disfrutable. La mezcla de sonidos gracias a las nuevas tecnologías desliza su viva inspiración. El público disfrutó las largas entregas de muestras musicales que agregaron un toque aún más ensimismado gracias a la armónica.

De un gran humor, con una forma muy amena de llevar adelante el recital, Birabent se animó hasta hacer callar a tres muchachas que estaban en la mesa de adelante. “Es muy interesante lo que dicen, pero desde acá se escucha”, les indicó a las chicas, que quedaron paralizadas mientras Birabent agregaba: “Va con onda”.

Luego repitió que odiaba los celulares, y más que mostrarse molesto acompañaba cada sonido que se escuchaba (con verdadera impertinencia), mediante una graciosa mueca que causaba la risa del público. Luego explicó cómo nació la letra de una de sus canciones. “Leí en un graffiti en un muro acá en Uruguay ‘viejo barrio que te vas te doy mi último adiós’, entonces la anoté y escribí un tema, el cual grabé. Luego recibí varios correos donde me decían que ese tema lo cantaban Los Olimareños”. Además de confesar el plagio a un muro, narró: “Lo peor de todos es que ayer (por el viernes), dije que Los Olimareños cantaban esta canción por la década de 1930″, lamentó con gracia. Luego la música siguió, respondió a algunos pedidos, invitó a Martín Cáceres ­cantante de la banda Vieja Historia­ y más tarde se despidió invocando nuevamente a las geografías, las vivencias, el trabajo de un artista porteño que no niega sentirse montevideano.

fuente: rock.com.ar