Preguntar si el que dice Ezeiza me deja en Témperley, reconocer a la avenida Meeks como la vedette de la noche y superar el sistema montado para evitar el ingreso de cinturones (que incluye un numerito para retirar el tuyo a la salida), son los elementos que constituyen la antesala de algo grande que está por venir. Como si además del buzón de entrada los celulares tuviesen la opción de ver los mensajitos de texto que nos están por llegar, las imágenes se presentan huérfanas de continuidad. Solo resta disponerse a la espera, aceptando la imposibilidad de amenizarla con una cervecita, ya que en tiempos en que ganar la más grande de las batallas es obtener la habilitación Clase C, la barra de la gran fiesta sólo ofrece Coca-Cola, papas fritas y panchos. Son las ocho de la noche en el Sur del Conurbano Bonaerense y prima holgadamente el público sub-18.
Hay lugar para tres bandas, tres estilos, tres razones. Ésa fue la promesa. Cuántas veces hemos implorado por una razón, una solita, que ojalá que ésto de tener tres no nos abrume con tanto sentido de vida. Y que empiece ya, para no poder escribir eso de que la noche estaba fría y de a poquito se fue entibiando.
No hace falta más que el primer acorde de la primera canción del show de Cadena Perpetua, “Sobrevivir”, para construir un agite que sabrá ser generoso hasta el final. La energía está desplegada, la banda suena constante y, aunque muchas de sus letras deben su esencia a los vaivenes de los estados del alma, su performance prácticamente no tiene altibajos.
“Violencia” es el tema más festejado del repertorio, que alterna clásicos de la banda con temas del último disco, “Demasiada Intimidad”. Es que la más íntima intimidad tiene mucho de punk, pero nunca podrá dejar de ser pop, que la mayor complicidad con el público llega con “Sigo acá”, y la más hermosa comodidad con “I wanna destroy you”. Y el final es con “Dispara”, el tema más Carajo de Cadena Perpetua.
Carajo abre el juego con “El error” y sin respiro tira “Inocencia perdida”, “Atrapasueños” y “Chico granada”. Si algún desprevenido supone que eso es pogo, con “Joder” Carajo le demuestra cuán equivocado estaba. Siguen con “Acorazados” y el momento más alegre llega con “Entre la fé y la razón”. Todo es comunión y poco se distingue el arriba del abajo. Corvata interpela “¿Qué hacés en medio de la noche?” y cada uno a su modo comienza a mascullar una explicación.
Astillados por el metal, Carajo convoca a los salvajes. Cadena propone un pogo conciente con memoria punk. Carajo suena urgente cada vez; Cadena se debe a los flitros, algo de tristeza y el deseo de pasar a otra cosa. Las dos bandas braman por calmar la sed.
El Otro Yo es todo humedad: “Lubrico con mi saliva, te mojo con mi saliva”.
La banda de los hermanitos Aldana tiene la capacidad de devenir virgen cada vez. Todo es lo suficientemente consistente y carente de grietas como para que las preguntas por el género y por la historia se esfumen antes de ser formuladas. La toma de posición ante el sexo queda desfasada, pero por las dudas, abajo del escenario, las nenas muestran la pancita y los nenes están mejor sin remera. La propia estructura imposibilita atacar a la banda por liviandad sin entrar en las marañas de la liviandad. Ahí está “Locomotora” (”soy locomotora, no puedo parar, te voy a comer”), quizás el tema más representativo en tiempos de accidentes ferroviarios.
Con EOY no es necesario generar un hueco para permitir el pogo: el círculo está dibujado en la pista. El mejor cuerpo de la noche apoya su peso en decenas de jóvenes que giran en círculo con los brazos abiertos y el abrazo dispuesto. Y como en las mejores calesitas de barrio, cuando la noche se empiece a imponer, posiblemente un hombre bueno nos regale una vuelta más.
fuente: rock.com.ar