Farolitos es una de las bandas rosarinas que más está creciendo: se presentó en el Club Ciclón ante más de 600 personas.

Farolitos
La zona oeste, esquina de por medio, estuvo empapelada con cartelera un par de días previos a la cita farolera aunque pactada en el sur de la ciudad. La propuesta: Ir hacia otro mundo de la city, como se suele decir vox populi, para ver una banda que intenta crecer, probando suerte en otros arrabales.
El periplo incluye una parada en la mejor pizzería del universo (iría chivo pero está enclavada en San Martín y Dean Funes), y rumbear hacia el club Diablo reconocido por su básquet que en Rosario es un deporte tan barrial como la música que proponen “los faroles”. El marco imponente y un parabólico con dimensiones que causaban incertidumbre ante la moción de un grupo que va asomando, y en la noche del viernes jugaba de visitante.
Pero de a poco el lugar se fue aprestando. Las banderas que estaban desde temprano le iban dando otro colorido en medida que ingresaban al recinto, amigos, colegas, familiares, adolescentes, niños con cientos de remeras, observando las luces y el telón gigantesco, con graffiti incluido, a espaldas del escenario.
Primero sonó La Roja, que hizo algunos covers, y ante la cámara que va archivando los momentos de la banda con 7 años de trayectoria, el primer plato. Encabezados por Marcos (un carismático frontman), Farolitos á la carte para el pueblo farolero, pregonando desde el vamos algunos valores importantísimos y arengando a la revolución social en sus dichos algo contestatarios.
Precisamente Caballos de Batalla fue el poderoso comienzo. Una canción de aliento para aquellos que “están en la mala”, y que también pertenece al disco En esta parte de la tierra (vendió más de 600 ediciones) de los que sonaron todos. La canyengue Un farolito, y estandártica con su frase “Vengan a mi luz, un farolito soy”, la reflexiva que titula la placa, la depresiva Zoom, el rockito Indio de riff pegadizo apto para el silbido, la poguera Escasas horas y la sociopatriótica Argentino, entre las doce del álbum de producción independiente más algunos inéditos y otros covers (La Murga de la Virgencita de Patricio Rey…, Toro y Pampa de Almafuerte y La Fiesta de Joan Manuel Serrat, pero lookeada) para completar la lista y cerrar con Vengar la libertad.
También hubo invitados locales y un intervalo, aunque en pleno descanso, la voz líder interpretó algunos de los primeros demos en solista de voz y guitarra eléctrica ante el público que acompañó el sonido de la cuerdas, entre palos al establishment y los boliches de rock. Todo un desafío tocar en un club, superado por Farolitos que deberá bajar los decibeles de impostura ante el sistema aunque parece ser un modus operandi, enviando mensajes revolucionarios e ideales utópicos sumamente respetables. Aunque los problemas sociales no se dirimen en los recitales, Farolitos presenta una impronta prometedora con un líder histriónico y carismático más una batería de canciones que misturan rock barrial, folklore, tango y letras que se meten en la cabeza. Apuntan a comprometerse con temáticas sociales pero no deben descuidar el potencial que tienen. De a poco van alumbrando un futuro que les pinta más que hacendoso.
fuente: Rock.com.ar


